Linea 4

Se cruzaron nuestras miradas en el metro, y supuse que era artista. Por su moño a medias recogido con un pincel y su camiseta blanca y holgada manchada con pintura roja. Esa era su única prenda. Lo se porque estaba sentada con las piernas fuertemente cruzadas pero con la cara de libertad que se le pone a una cuando no lleva bragas ni sujetadores que oprimen la piel. Era artista sin duda. Y yo en cierta manera también, porque escribía cosas que aborrecía en una pequeña libreta que apenas cuidaba. Y que es mas arte que el arte que es aborrecido por su creador. Me pregunte si ella también odiaba lo que hacia, o si simplemente lo hacia sin deber nada a nadie. Viajaba en metro, buscaba caras y luego las pintaba mientras se fumaba un cigarro tiñendo la boquilla de rojo carmín y de gris la habitación de su ático. En ese momento desee con todas mis fuerzas que me pintara y entonces yo le escribiría pero con desgana. Se lo daría y le diría que no vale nada. Echaríamos un polvo, de artista a artista. Dos almas descarriadas que por azar sus caminos se han seguido en paralelo por un tiempo pero que por la imposibilidad de andar recto de las dos ese tiempo tiene de adjetivo efímero. Así que cogería el cuadro, la linea 4 y lo colgaría encima de mi cama hasta que me aburriera de él.

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